¡Pero Que Mala Soy !… Una Histora De La Nancy

Malagradecida, lengua ´e lija, ingrata, alharaca, mal hablada… y mucho más son las cositas que dice mi papá de mí; él tiene sus razones. Cuando llegué de la universidad un fin de semana en que llovía mucho, subí a saludar a mí mamá y la encontré en una situación que no se la doy a nadie. Ella en su elegante dormitorio estilo quiteño de la Mueblería Moderna q.e.p.d , lucia sobre su cabeza un gran plástico transparente de esos de invernadero para que no la mojaran las goteras que corrían como un pequeño río por él, el techo tenía una inclinación de unos 45º. Lo malo de esto era que el nyloncada 20 centímetros estaba clavado a la madera con: una tijera de sastre; el alicate de pedicuro (que aunque se le nesecitaba no se podía ocupar porque sujetaba el plástico); una lezna, otra tijera (que sí ocupábamos), un puñal de ésos que usan los soldados en sus campañas, la cortaplumas regalona de mi papá y otros instrumentos similares que no recuerdo porque eran muchos. Antes de saludar a mi madre al ver mi cara de espanto, dijo:

– ¡Imagínate yo! cómo estaré con la espada de Damocles todo el día.
Cuando me senté a su lado me fijé que este pequeño río terminaba en un tarro en la parte baja del techo y como ya estaba lleno mí padre lo retiró y puso otro.
– Esto es cosa de tener buena voluntad no mas para sacar el tarrito.
Se fué molesto por que no valorábamos su genial invento. Me acomodé con cuidado de no pasar a llevar nada. No pude callarme y dije lo que sentía:

– Mamá, creo que “le faltan chauchas pal peso”.
Ella me apoyó. A la hora del desayuno mas todavía, porque a las tres de la mañana
– ¡craaakk ¡¡bam! ¡¡¡zuakate!!_ Parecía terremoto. Me levanté
– ¿pero qué es lo que pasa?

– Acuéstate no mas, es que tu papá inventó una trampa para ratones. Me respondió con resignación.

Aaay!!… yo odio los ratones pero esa noche les tuve lástima. La trampa consistía en un trozo de madera de unos diez centímetros de grosor y unos 40 de largo, este quedaba en una posición tal que cuando el ratón se acercaba a comer el cebo empujaba una varilla delgada en la que se afirmaba esta madera, la que caía estrepitósamente y el ratón quedaba vivo unos momentos quejándose, y, esta agonía era de todas las noches, fue por eso que se me chispoteó otra vez.

– No, definitivamente “le faltan granos al choclo”.
Ella estaba de acuerdo; hasta que se le pasó el enojo y se lo dijo a mi papá.
– Tu hija opina que no eres un hombre muy inteligente.
¡Puchas! el se enojó para siempre conmigo, por eso no fue a mí titulación, ni a mi matrimonio, ni al nacimiento de mi hijo, nada!
Pero no siempre fue así, también tengo un recuerdo tierno: Cuando yo tenia 8 años, mi mamá estuvo muy enferma y tuvo que permanecer en cama por mucho tiempo. Un día mi papá me llamó a la cocina y me hizo una demostración de cómo se hacían los huevos revueltos con queso y cilantro.

– Primero se pone un poquito de agua en la paila, luego se le pone el cilantro finamente picado, a continuación el queso picado en cubitos; cuando éste está listo se le agregaban los huevos revolviendo la clara y si ya está cocida se puede romper las yemas; un poquito de sal y listo._ ¡delicioso!
Luego con un mantel retiró la paila de la cocina, se sentó y se los comió; y yo lo miraba mientras se me hacía agua la boca cuando terminó me dijo:

– Mañana los vas a preparar tú.

Al otro día, a la misma hora, yo estaba esperándolo en la cocina y él apareció con un trozo de queso que mantenía muy bien guardado! (pero siempre encontrábamos el escondite); Me entrego el queso y yo cuidadosamente recordando cada detalle los preparé perfectos, los lleve orgullosa a la mesa saboreándome; mi padre se acomodó y con un trozo de pan se los comió y yo paradita ahí como el día anterior con cara
de ¡déjame uno! Me miró y exclamó muy enojado:

– ¡Me carga que me miren cuando como!.

Al día siguiente los preparé mejor todavía y, cuando mi padre llegó de la viña, me dijo:
– Te voy a dejar un poco… pero no me mires.
Y yo me fui al otro extremo de la mesa y miraba de reojo con la angustia de que mi pedazo se achicaba cada vez más y cumplió; me dejó un bocado. Al otro día lo mismo, me iba al extremo de la mesa y ahí miraba el techo a un lado, al otro lentamente pero igual daba un vistazo rápido cuidando mi parte y así durante todo el verano.

Mmm… por eso pienso que él a lo mejor tiene razón, en que soy mal hablada y peladora… si él me enseñó con tanto cariño a preparar los huevos revueltos.

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