>La Idea De Nación En Luis Emilio Recabarren Y Su Ideario Socialista A Comienzos De Siglo XX. Por Prof. Cristián Pérez

>“El peso de la noche” portaliana
cae, sobre todo, en una clase desprotegida
y sometida a los peores abusos.
Campesinos, artesanos e inmigrantes
alimentan a un
naciente y combativo proletariado”.

Víctor Domingo Silva.

INTRODUCCIÓN
RECABARREN Y LA EMERGENCIA DE LOS SECTORES POPULARES
EL CONTEXTO INTELECTUAL DE LUIS EMILIO RECABARREN
EL IDEARIO POLÍTICO DE RECABARREN
LA NOCIÓN DE SOCIALISMO EN RECABARREN COMO IDEA DE EMANCIPACIÓN DEL PUEBLO
LA INFLUENCIA DE LA REVOLUCIÓN RUSA EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE RECABARREN
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

INTRODUCCIÓN

La primera mitad del siglo XX en Chile, se caracterizó por la constitución y emergencia de nuevas expresiones políticas que, junto con dar cuenta del ascenso y desarrollo creciente de una sociedad de masas, vino a cuestionar un modelo tradicional de sociedad sostenida políticamente por la oligarquía. La ausencia en este grupo social de sus antiguas virtudes públicas, había quedado en evidencia para algunos autores de comienzo de siglo, por su constante inclinación al despilfarro y su suntuoso estilo de vida, a partir de las riquezas generadas de la explotación del salitre.

Este sentimiento de crisis y frustración se expresará en un conjunto de voces divergentes, que con diferente signo ideológico marcarán la constitución de nuevos proyectos alternativos de nación. Esta nueva expresión de lo nacional, durante la primera mitad de siglo, será asumido entre otros, por el socialismo, tanto en su versión revolucionaria como reformista. Así, este trabajo se centrará fundamentalmente en las visiones globales de nación que acompañaron a la izquierda chilena durante este período, tanto en su versión comunista como socialista.

RECABARREN Y LA EMERGENCIA DE LOS SECTORES POPULARES.

Una de las imágenes más representativas que ha caracterizado al período parlamentario, fue la de una época dominada por una oligarquía fuertemente emparentada, y vaciada de las virtudes cívicas del período anterior. La política durante este período, más que representar proyectos divergentes, respondía a un interés monolítico de la oligarquía, el que le permitía resolver sus diferencias sin alterar significativamente el orden político-social existente. Mientras que para una buena parte de la oligarquía, el parlamentarismo representaba la mejor forma de controlar los arranques del viejo autoritarismo expresado en la figura de Balmaceda, y de la creciente agitación social de los sectores populares, para otros grupos caracterizados por la aceptación de un temprano ideario socialista, representaba un modelo de subordinación y explotación social. Las formas como la oligarquía ejerció estos mecanismos de control social sobre los sectores populares, se manifestaron a través de cohecho, el cacicazgo y la intervención electoral. Junto con ello, la represión violenta por parte del Estado a las organizaciones obreras demostraba los miedos que manifestaba la élite a comienzo de siglo XX con la llamada “cuestión social”, que no era otra cosa que el ascenso y emergencia de los sectores populares organizados políticamente en torno a un cambio efectivo del orden social y económico.

A propósito de la celebración del Centenario de la república, se destacan una serie de figuras, que aunque divergentes en su composición ideológica, poseían en común precisamente una percepción de crisis integral del sistema político que los llevaría primero, a percibir un agotamiento de dicho sistema, y segundo a denunciar la escisión existente entre el mundo oficial, el Estado, y la sociedad civil. Entre estos representantes, sobresale la figura de Luis Emilio Recabarren.

Recabarren (1876-1924) inicia su labor política al interior del Partido Demócrata, (PD) representante para ese entonces del artesanado y de los trabajadores urbanos, destacando rápidamente como organizador y articulador político de la clase obrera. Durante este tiempo ocupó diferentes cargos dentro de su directorio, llegando a constituirse como secretario de redacción del periódico Democracia en 1899, importante órgano de difusión del pensamiento de las clases trabajadoras y promotor de sus demandas y reivindicaciones. Para 1901 Recabarren participa en la formación de la primera Sociedad Mancomunal Obrera. Este hecho es importante en la concepción futura de Recabarren, ya que se desarrolla en él la urgente necesidad de establecer referentes más amplios de organización de la clase obrera, que dieran cuenta no sólo de los actos de resistencia de los sectores populares contra el desamparo del sistema oligárquico, como postulaban algunos lideres obreros inspirados en el anarquismo, sino que fuese capaz de establecer un componente ideológico más elaborado, como parte del proceso de concientización política de la clase obrera.

Como miembro del Partido Demócrata, Luis Emilio Recabarren poseía una concepción de partido que fuese expresión legítima de la idea de cambio social, como parte de un proyecto histórico de sociedad y de los ideales libertarios de las mayorías. Por ello, consideraba que aunque insuficiente el sistema político, éste le permitía desarrollar y avanzar en las ideas del socialismo, por medio de la organización sindical, pero también dentro del sistema de representación política, es decir, desde el parlamento. Así Recabarren se postula y es elegido como diputado en dos oportunidades, en 1906 por el P.D en Tocopilla y en 1921 por el Partido Obrero Socialista (P.O.S) en la ciudad de Antofagasta. Sin embargo, y pese a haber ganado en esta primera elección, y constituirse así en el primer y más claro representante de la clase obrera en el parlamento, la oligarquía le impide la asunción al parlamento, al considerarlo un instigador y promotor de la lucha de clases, los cuales para este grupo constituían elementos claramente disociadores del orden social.

Su acercamiento al mutualismo iniciado desde su posición como encargado de redacción del periódico Democracia, lo llevará a dirigir el primer periódico de la Mancomunal de Tocopilla, a petición de los propios dirigentes del Gremio de los Lancheros en 1903, donde se hará cargo como director del periódico de la Mancomunal El Trabajo de Tocopilla. Según el historiador Augusto Samaniego, desde esta posición se inicia en Recabarren un más estrecho acercamiento entre éste y el mundo del proletariado salitrero1. En sus páginas, Recabarren denuncia los abusos de la oligarquía contra la clase obrera, junto con las conductas clasistas de los sectores patronales y del Estado como instrumento de contención de un orden social injusto. Son precisamente por este tipo de opiniones emitidas desde el periódico de la Mancomunal de Tocopilla, que se iniciará un proceso penal contra esta institución, logrando una sentencia condenatoria contra Recabarren, por parte de los Tribunales de Justicia en 1906, impidiéndole asumir como diputado ese mismo año. Este episodio político-judicial contra Recabarren y la Mancomunal venía a reafirmar el temor que existía por parte de la élite del ascenso creciente de los grupos de izquierda, quienes se posicionaban política y socialmente en la zona norte desde finales del siglo XIX. El historiador Hernán Ramírez Necochea, citando al periódico El Ferrocarril sostiene que: “No hace muchos días comentábamos las escenas vandálicas de Iquique, Antofagasta y Pisagua como manifestaciones inequívocas del aparecimiento en Chile de la plaga asoladora del comunismo, que en otros países ha sacudido tan violentamente el orden social”. Por su parte El Estandarte Católico, en un artículo titulado “El Comunismo en Chile”, según nos relata Ramírez, sostiene que: “Las huelgas suscitadas y promovidas bajo el nombre de libertad de trabajo son a menudo el pretexto de que la demagogia se vale para perturbar el orden y causar el perjuicio o la ruina de la industria y la miseria de los obreros”… “esa es la historia, esa es la génesis del socialismo, que principia por huelgas más o menos inocentes y acaba por hacer bambalear los cimientos del orden social. Y nosotros -la oligarquía- no debemos forjarnos ilusiones. Quizás la labor socialista está en nuestro suelo mucho más adelantada de lo que quisiéramos. Funesto sería que nos durmiéramos en una infundada confianza”2. Este despertar democrático y proletario para Recabarren, revela fundamentalmente las fuertes tensiones existentes en la sociedad chilena a comienzos de siglo, y el resguardo que tomaba la oligarquía contra la irrupción de los sectores populares.

A pesar de la persecución de la oligarquía y de los aparatos del Estado contra Recabarren, que lo llevó a estar privado de su libertad por ocho largos meses en Tocopilla, éste se da a la tarea de crear una serie de periódicos, gracias a su experiencia como tipógrafo y a su participación en las dos publicaciones anteriores. Así, su ideario político se expresaría por medio de la creación de una prensa obrera que el mismo ayudaría a fundar y dirigir3. De esta forma nacerían El Proletariado también en Tocopilla, La Reforma en Santiago en 1906, La Vanguardia en Antofagasta, El Grito Popular en la ciudad de Iquique en 1911, El Despertar de los Trabajadores también en Iquique en 1912, El Socialista en Valparaíso en 1915, El Socialista y luego El Comunista en 1918 en Antofagasta, La Federación Obrera y Justicia en Santiago en 1921, además del periódico La Vanguardia fundado en Argentina durante su paso por Buenos Aires. La prensa obrera tenía como finalidad para Recabarren la denuncia de los abusos de que eran objeto los trabajadores urbanos y los obreros salitreros por parte de la oligarquía.

Junto con la formación de la prensa obrera, Recabarren además nos legó varios ensayos donde expresa claramente su desencanto sobre el estado actual del Chile de esos años, dentro del marco de la celebración del Centenario en 1910, llamado Ricos y Pobres Balance de un siglo. En 1920 escribiría también su conocido ensayo ¿Qué queremos federados y socialistas? Pero sería en el ámbito político, donde la labor de Recabarren se manifestaría con mayor despliegue. En 1912 producto de una serie de divergencias con la directiva del Partido Demócrata, rompe con esta colectividad y funda en la ciudad de Iquique el Partido Obrero Socialista (POS), partido que desde un comienzo asumirá la filosofía marxista y por lo tanto de corte revolucionario. De esta forma Recabarren dejaba atrás de forma definitiva los idearios políticos de su antiguo partido de origen, liderado por su histórico líder Malaquías Concha, que se mantenía entrampado e inmerso en los vicios del sistema parlamentario, con sus componendas y sistemas de alianza con la burguesía capitalista.

En el campo sindical, la Federación Obrera de Chile (FOCH) que había sido fundada en 1909 por los obreros ferroviarios y que inicialmente poseía un carácter mutualista, marcará desde 1917 la pauta de las luchas obreras y sindicales. En su Segunda Convención ese mismo año, la FOCH adquirirá definitivamente su fisonomía sindical, agrupando incluso para 1921 a más de 112 organizaciones con más de 80 mil trabajadores afiliados. Gracias a la influencia ejercida por Recabarren sobre la FOCH por intermedio del P.O.S, éste se constituye desde 1917 en adelante en un referente significativo de las luchas sindicales, dándole un carácter “sólido y vertebrado, con una estructura homogénea”4, que le permitía avanzar y superar la fragmentación en la que se encontraba entonces el movimiento obrero.

EL CONTEXTO INTELECTUAL DE LUIS EMILIO RECABARREN

En Recabarren convergen diversas vertientes teóricas propias del movimiento obrero de su época. Sin embargo, conviene precisar cuáles son los principales elementos constitutivos en su ideario político que se mantienen a lo largo del tiempo, y que sintetizan de alguna forma su acción político-sindical. Una de estas fuentes, y tal vez la que más lo acerca a la imagen del movimiento de artesanos del siglo XIX, es la aceptación de un socialismo utópico, que en Recabarren se expresará más bien en el plano de las representaciones simbólicas, que aunque mediatizado por un marxismo parcialmente elaborado, no por ello dejará de incidir en la elaboración de sus discursos. Dicho utopismo, se expresa por ejemplo, cuando Recabarren en su imagen del mundo, sacraliza, obviamente sin la connotación religiosa, a un tipo de sociedad, posible para él, donde se perpetúe la plena felicidad del hombre, y en donde además la maldad sea remplazada por una sociedad más justa, armónica y libertaria. Así, el anuncio de lo nuevo, la idea del progreso del hombre y de su bienestar ilimitado, la posibilidad de una nueva forma de construcción societaria, referida a la emancipación del pueblo, serán parte, de esta función utópica en la construcción de sus discursos.

Este componente utópico en el ideario político de Recabarren, se expresa además en un humanismo socialista, en virtud de los valores morales que él veía en los sectores obreros y en la legitimidad de sus luchas. Junto con ello, el ideario igualitarista que marcó desde temprano los discursos de los socialistas utópicos durante el siglo XIX en el caso de Francisco Bilbao y Santiago Arcos, encontrarán parcialmente en Recabarren una expresión política, tanto en las tareas democratizadoras como en la erradicación de los males que afectan al conjunto de la sociedad.

Por otro lado, existe en el discurso de Recabarren anterior a su giro en 1922, una versión democrática que reivindica el ejercicio del poder por parte de las mayorías, junto con la valoración de las formas legales de acción política, dentro del marco que establece el sistema de partidos políticos de la época. Es en este escenario político, y en la ampliación del mismo, donde Recabarren quiere insertar las luchas del movimiento popular. Esto explica la importancia que le asigna al parlamento, como instancia de discusión y de trinchera política. Este ideario democrático, tiene fuerte influencia de la socialdemocracia alemana y europea de pre-guerra. Sin embargo, producto del desconocimiento relativo de las divergencias ideológicas que comenzaban a producirse al interior de la II Internacional, Recabarren no sólo incorpora las experiencias de ésta, sino que además se empapa del influjo de Marx y Engels. Así, Recabarren pone énfasis en una de las consideraciones que establece la II Internacional, en la cual se señala que: “El incremento de las fuerzas potencialmente socialistas permite ver con tranquilidad los procedimientos democráticos pues ellos deberían representar a la mayoría trabajadora. Condición para esto es el respeto de la legalidad existente y la negación de los medios de acción violentos en la lucha por el poder. La democracia vista como la ausencia de privilegios para todas las clases de la sociedad, tiene como su recíproco el tener leyes que aseguren la ausencia de privilegios. Por consiguiente, las formas legales son susceptibles de ser puestas al servicio de las mayorías para la democracia y el socialismo”5. La aplicación de estos principios a la comprensión de la realidad nacional, se traducía para Recabarren, en que la revolución social no era abordada por una minoría conciente, sino por una amplia mayoría, cuya misión era hacer las transformaciones necesarias dentro del aparato del estado, iniciando el tránsito definitivo al socialismo por medios pacíficos. “Todas la acciones del presente tienden, pues, a reducir toda violencia…el socialismo cada día acoge más a la acción revolucionaria legal, obrando directamente, como puede, sobre la legislación, la fiscalización y la administración desde las ya numerosas bancas que ocupa en los diferentes países”6. Por medio de la II Internacional, Recabarren asume que una política colaboracionista de clase, le permitirá a los sectores populares no sólo una representación de gobierno de mayorías, que den cuenta efectivamente de lo nacional, sino un incremento potencial de las fuerzas socialistas.

De esta forma aparece en Luis Emilio Recabarren, una concepción del socialismo como instrumento político y teórico de las mayorías, es decir, de las exigencias que hace la nación por lograr un cambio social efectivo en torno a las estructuras de dominación.

Cabe recordar que en su primer viaje a la Argentina, ayuda a fundar el Partido Socialista de ese país, donde recibirá la influencia del líder de la izquierda transandina Juan B. Justo, a partir del cual reafirmará su eclecticismo teórico y su valoración por la democracia. Este viaje a la Argentina tiene importancia en el desarrollo de la concepción ideológica de Recabarren, debido a la gran cantidad de inmigrantes europeos que moldearon ideológicamente al socialismo transandino.

Una tercera versión claramente identificable dentro de su acervo teórico, es la noción y significación que hace Recabarren del marxismo. Pues este marxismo en Recabarren no se construye desde la ortodoxia rusa, sino que es más bien original, ya que como hemos visto, incorpora otras versiones como el utópico y su concepción democrática del socialismo. Se produce entonces, un eclecticismo político con fuerte arraigo en lo popular, pero sin perder su componente ideológico, lo que le ha permitido levantar un proyecto histórico- popular, con fuerte protagonismo de la clase obrera. Ello, sin embargo, no lo inhabilitaba para entender a la sociedad chilena de comienzos de siglo en términos marxistas, esto es, asumiendo la existencia de una lucha de clases, que se daba al interior de la sociedad chilena entre la burguesía y los trabajadores urbanos y salitreros, producto del desarrollo capitalista que ha vivido Chile, desde la incorporación de la riqueza del salitre, y de la formación de los grandes capitales. Junto con ello, establecía su concepción de partido de masas, llamado precisamente a generar las condiciones objetivas y subjetivas para la emancipación del pueblo superando definitivamente al capitalismo.

A pesar de que algunos historiadores ligados a corrientes trotskistas como Fernando Ortiz y en menor medida Luis Vitale, han querido ver cierto influjo anarquista en el pensamiento teórico de Recabarren, éste se distancia tempranamente de este tipo de concepciones más voluntaristas de la acción política, debido a la importancia que le asigna al sufragio universal, al uso de los medios no violentos, y a la idea de un socialismo gradual. En el caso de la violencia, existe en Recabarren un antes y un después de la Revolución Rusa y del influjo de la III Internacional. En una primera etapa, las formas no violentas definen su acción política, por lo que el recurso de la violencia sólo es justificable como última instancia contra una burguesía sediciosa. Después de 1917 con su acercamiento al leninismo, esta posición varía, al estimar que la burguesía jamás permitirá un cambio real en las relaciones de poder, manteniendo un sistema de exclusión y control social de los sectores populares, por lo cual la violencia revolucionaria se legitimaba, ahora sí, en situaciones más amplias. Es precisamente en su segundo viaje a la Argentina, donde la noticia de la Revolución Rusa lo sorprende, tomando rápidamente partido por el sector internacionalista del Partido Socialista argentino, que apoyaba decididamente la revolución bolchevique. Así Recabarren, se hace parte de las divergencias y contradicciones que afectaban la unidad interna de la II Internacional7, atravesada por una parte por la socialdemocracia alemana, y por la otra por el fuerte carácter de Lenin, líder de la Revolución Rusa triunfante.

A pesar de ello, sus principales ejes políticos no variarían en lo sustancial. Recabarren seguiría mostrando una gran apertura intelectual, un eclecticismo ideológico que le permitirá desarrollar sin una carga dogmática, un pensamiento marxista latinoamericano, cuya originalidad para Luis Vitale se encontraba a la altura de un Aníbal Ponce, de un Salvador de la Plaza, e incluso de un teórico como Mariátegui. “Recabarren fue uno de los primero marxistas latinoamericanos en intentar un análisis de la realidad nacional a la luz materialismo histórico”.8

EL IDEARIO POLÍTICO DE RECABARREN

El discurso político de Recabarren expresa el malestar de los grupos populares proletarios, pero también la frustración de los sectores medios de comienzos de siglo XX.

En el marco de la celebración del Centenario, Recabarren establece todo un cuestionamiento social y a la vez moral del desarrollo de la nación. Entiende claramente cuáles son los síntomas y desajustes estructurales que acompañan a las festividades. Por una parte, un agotamiento del sistema político dominado sin contrapeso por la oligarquía, la cual reproduce el sistema de dominación y explotación del pueblo, al que Recabarren identifica con la nación. En su ensayo Ricos y Pobres: Balance de un siglo escrito en 1910, sostiene que la élite que ha liderado los festejos del aniversario de la independencia, ha identificado el pasado de la nación con su propia historia, exaltando el heroicismo de las grandes familias y sus hazañas.

Para el líder del movimiento obrero chileno, el país se encontraba bajo una crisis profunda tras la fachada triunfalista con que se quería mostrar los progresos que había alcanzado la república desde que alcanzó su independencia. Según el texto Historia del siglo XX chileno, se ha señalado que el progreso de que se ufanan los sectores dominantes, aparece en Recabarren “como un privilegio de clase y, en consecuencia, como un elemento incapaz de caracterizar genuinamente la historia de Chile como nación independiente”. Luego sostienen que: “El Centenario, visto por Recabarren, se convierte en un mero evento de clase”9. Para él, el pueblo no tiene motivos para celebrar, ya que no ha sido parte de los beneficios que ha reportado las riquezas del salitre, pero sí la oligarquía, la cual se ha constituido en la única depositaría de los progresos económicos y sociales, y de los beneficios que acompañaron a la emancipación política.

Al analizar los cien años previos, descubre la consolidación del capitalismo y elabora a la vez una relectura del itinerario nacional, como una historia construida sobre la base de las desigualdades y no como una idea de nación. Denuncia por lo tanto, el abismo existente entre la clase dirigente y el pueblo, sin establecer distinciones sectoriales sobre este último. Junto con otros autores que escriben en la misma época como Alejandro Venegas (seudónimo del Dr. Valdés Cange) y Nicolás Palacios, denuncia la ausencia de virtudes cívicas en la clase política. Aunque reconoce que ha existido una paulatina ampliación de las formas de participación político-social, ella resulta insuficiente, producto de la inercia con que actúa en este sentido el estado, controlado por la oligarquía. Por otra parte, cuando un segmento importante de la sociedad chilena participa de las celebraciones del Centenario, surgirá en Luis Emilio Recabarren un sentimiento de desencanto y despecho. Así nos dice: “Y siento tristeza por que creo que aquellos que sienten alegrías viven en el mundo de las ilusiones, muy lejos de la verdad. Disculpadme si acaso hago mal en decir esto. Hoy todo el mundo habla de grandezas y de progresos y les pondera y les ensalza considerando todo esto como propiedad común disfrutable por todos. Yo quiero también hablar de esos progresos y de esas grandezas, pero me permitiréis que los coloque en el sitio que corresponde y que saque a la luz todas las miserias que están olvidadas u ocultas o que por ser ya demasiado comunes no nos preocupamos de ellas”10. De alguna forma Recabarren esta dando cuenta de dos mundos diametralmente opuestos y excluyentes; por una parte, el de la opulencia representado por el discurso oficial y oligarca, y por otra, el de la marginalidad y de la poca conciencia de clase de los sectores populares.

La situación desmedrada de los sectores subalternos durante este período, llevará a Recabarren a enjuiciar a la sociedad de clases existente en Chile, como una de las más tradicionales en Latinoamérica, sobre todo al interior de la gran propiedad de la tierra, donde se mantienen las estructuras señoriales, incluso anteriores a la época de la independencia. “La última clase, como se puede considerar en la escala social, a los gañanes, jornaleros, peones de los campos, carretoneros, etc., vive hoy como vivió en 1810. Si fuera posible reproducir ahora la vida y costumbres de esta clase de aquella época y compararla con la de hoy día, podríamos ver fácilmente que no existe ni un solo progreso social”. Sobre los sectores populares en general agrega que “La última clase de la sociedad que constituye probablemente más de un tercio de la población del país, es decir, más de un millón de personas no ha adquirido ningún progreso evidente, en mi concepto digno de llamarse progreso. Se me dirá que el número de analfabetos es, en proporción, mucho menor que el de antes, pero con esta afirmación se prueba nada que ponga en evidencia un progreso. Para esta última clase de la sociedad el saber leer y escribir, no es sino un medio de comunicación, que no le ha producido ningún bienestar social. El escasísimo ejercicio que de estos conocimientos que hace esta parte del pueblo, le coloca en tal condición, que casi es igual que nada supiese”11. Así, la situación que afectaba a los sectores populares excluidos del progreso económico y de los beneficios sociales, se traduciría en términos prácticos para Recabarren, en un aumento en los niveles de conflictividad, entre éstos y la oligarquía gobernante.

Aunque en sus discursos se exprese la pérdida de moralidad y de las virtudes públicas de la oligarquía, como ya hemos señalado, de alguna forma se reconoce que la clase dirigente anterior a la guerra del salitre, si las poseía. Sin embargo, no mira con nostalgia esa época, ni tampoco la idealiza como otros autores; ni busca en ella las soluciones efectivas a la crisis de Chile. Por el contrario, plantea derechamente un modelo alternativo de sociedad, es decir, el socialismo.

LA NOCIÓN DE SOCIALISMO EN RECABARREN COMO IDEA DE EMANCIPACIÓN DEL PUEBLO.

Para Recabarren serían tanto la existencia de un movimiento de masas organizado y movilizado en torno a sus metas gremiales – mutuales y mancomunales, y la concepción de un partido _P.O.S en 1912_ como instrumento ideológicamente comprometido con las luchas del proletariado, los eventos necesarios para el avance y construcción del socialismo en Chile.

El ideario socialista en el discurso de Recabarren, que ya se manifestaba al interior del Partido Demócrata, constituye para él una realidad política y no sólo una utopía. Como fruto de un humanismo superior12 y de la experiencia acumulada por los sectores populares, representaba la más acabada expresión de la racionalidad humana. Sin embargo, para él, la construcción del socialismo era consecuencia del desarrollo de un vasto movimiento sociopolítico, donde la organización y la articulación de los intereses del proletariado, se fortaleciesen a partir de un sentimiento identitario de sus luchas. En este contexto, la labor educativa de Recabarren, se expresa en toda su dimensión motivada, especialmente por la necesidad de combatir antiguos vicios en las clases populares, como el alcoholismo, la prostitución, que sólo contribuían a degenerar y alienar el “espíritu” del pueblo.

Como educador político utilizó diferentes mecanismos para elevar el desarrollo moral y cultural de las clases populares, al entender que: “…el socialismo utilizará para realizarse, como armas de combate la educación doctrinal y moral del pueblo, por medio del libro, del folleto, del periódico, del diario, de la tribuna, de la conferencia, del teatro, del arte…( ). Así como es necesario organizarse es ineludible instruirse; la educación es la muerte de la ignorancia y es, a la vez, la vida y el alma de la libertad, de la justicia, de la moral y de la verdad”13.

Aunque Recabarren carecía, como hemos señalado, de una teoría política elaborada, de igual forma entiende que el desarrollo del socialismo en Chile es tarea de amplias masas de trabajadores y de grupos medios más que de la solitaria clase obrera. Así, Recabarren avanza en la concepción de un socialismo constituido por elementos heterogéneos de la sociedad, es decir, a partir de las mayorías nacionales. En el texto Ricos y Pobres señala con respecto a esto que: “No es sólo la tierra en que nacemos y vivimos, ni tan sólo su bandera y sus símbolos. Patria es el derecho que tiene cada hijo de ese suelo en que nace a educarse, a tener una familia; el derecho a una vivienda digna, a un trabajo remunerado, derecho al descanso y a la seguridad social. Para alcanzar cada una de estas metas, la nación debía ser capaz de avanzar hacia el camino del socialismo”14. La noción de patria que incorpora Recabarren en su discurso, se encuentra asociada a una identidad social más que a una versión de naturaleza jurídica o territorial, que raya en lo popular. Este pueblo, básicamente la clase trabajadora en toda su acepción, incluyendo los sectores medios, constituye el sello identitario de la nación. Por lo tanto, las luchas democráticas, tienen como fin para Recabarren, el reconocimiento social y político por parte de la oligarquía de los derechos que legítimamente les corresponden a la clase trabajadora, es decir, al pueblo, el que se logrará a partir de la constitución de un nuevo orden socialista. La forma como concibe entonces Recabarren la construcción de este socialismo, da cuenta precisamente de esta versión democrática en su imaginario político, la cual rebasaba los límites del movimiento popular, al incorporar en este ideario a los grupos medios que venían en ascenso.

En el caso de su ideario político, las nociones de socialismo, de pueblo y precisamente de nación, se articulan o se confunden con la idea de emancipación. Dicha concepción se encuentra en Recabarren en el plano de las dimensiones simbólicas, filosóficas e incluso utópicas, como ya hemos adelantado. Por ejemplo, la emancipación política, económica y social, que proyectan “realidades” imaginadas como son “la plena felicidad del hombre”, “la regeneración moral del pueblo”, son expresiones de un humanismo más avanzado, pero que en Recabarren, son entendidas como parte de la continuidad lógica en los procesos históricos.

Esta emancipación, significa para Recabarren el reconocimiento de los derechos del pueblo por parte de los sectores que han encarnado tradicionalmente el orden señorial. Pero también se manifiesta en una nueva fórmula de construcción societaria, resolviendo con ello los males de la vida moderna, a través de la superioridad moral de la clase obrera. Como la oligarquía en su reclusión y autocomplacencia fue vaciando sus antiguas cualidades morales y cívicas, para Recabarren, sólo de las clases subalternas se podrá esperar una acción rectificadora y transformadora de la humanidad, esto es, en la parte “victimizada e inocente de la historia”. Como vemos, surge nuevamente aquí su ideal utópico y humanista. Augusto Varas señala con respecto a esta noción del ser en el obrero, como una idea rousseauniana del “hombre básicamente bondadoso”15. Esta concepción insinúa en Recabarren, no sólo la idea de avanzar en la refundación de un nuevo estilo de vida social, surgida a partir del cambio en sus relaciones y estructuras sino además el desarrollo de una cosmovisión obrera que apele al conjunto de la sociedad y no a una aspiración corporativa, clasista, en definitiva estrecha. La manera para Recabarren en que se debían alcanzar estos fines, implicaba una cierta organicidad social que pudiese orientar las luchas del proletariado, a través del fortalecimiento de las organizaciones sindicales como así de las prácticas políticas, que permitiese el encuentro entre las diferentes clases sociales. Este discurso en Recabarren, hecha las bases ideológicas, aunque no históricas, para la comprensión de la idea de nación como expresión de lo popular, siendo asumida posteriormente por la historiografía marxista de mitad de siglo XX.

LA INFLUENCIA DE LA REVOLUCIÓN RUSA EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE RECABARREN

Después de que Lenin, un año antes de que finalizara la Gran Guerra, anunciara el retiro de Rusia de ésta, al considerarla un conflicto de intereses entre las potencias capitalistas, señalando además que los obreros no tienen patria; no sólo reafirmaba con ello el internacionalismo proletario, sino además reiniciaba la lucha universal de los obreros con la burguesía. Ello significó un duro golpe para la II Internacional, que avaló en algunos términos la legitimidad de la guerra. Desde esta perspectiva, se abre para Recabarren una luz de esperanza, al instalarse la Revolución Rusa triunfante como el gran referente político e ideológico a seguir por los obreros de todo el mundo. Con ello, según el historiador Joaquín Fermandois, a partir de este período “la era de las ideologías había ingresado ampliamente en Chile, y la sociedad y la política comenzaban a estar sometidas a críticas más radicalizadas que, sumadas a las condiciones posdepresivas y a la fragilidad institucional, creaban condiciones explosivas que por momentos se parecían a Rusia en 1917…”.16

Respecto al ideario internacionalista en Luis Emilio Recabarren, éste no es posible entenderlo sin el influjo ejercido por la Revolución de Octubre. El surgimiento para Recabarren del primer Estado Proletario en el mundo, significaba dotar a las luchas del proletariado de un carácter universal. En Recabarren este internacionalismo proletario, se fundamenta en el destino común que une a la clase obrera, más allá de sus luchas locales, por derrotar el régimen capitalista en cualquier parte donde éste sea impuesto. Como el sistema de dominación y explotación social posee características mundiales, para Recabarren este internacionalismo era el único mecanismo que le permitía al proletariado lograr su propia emancipación y, por lo tanto, iniciar el tránsito hacia el socialismo. A pesar de ello, Recabarren conserva la vigencia de las demandas locales en su lucha reivindicativa, contra la burguesía nacional, particularmente financiera.

Producto de su aceptación a los principios revolucionarios e internacionalistas, se produce en Recabarren su rompimiento intelectual con la II Internacional, representada políticamente por la socialdemocracia, al terminar negando ésta a la revolución socialista y la lucha de clases; lo que permitiría el acercamiento definitivo con la imagen liberadora que proyectaba al mundo la Revolución de los Soviet. Para la historiadora Evguenia Fediakova, el alto nivel de la cultura política chilena, pero también su marcada politización, incidieron en las visiones opuestas e irreconciliables con que se percibió precisamente la imagen de la Revolución Rusa. “Así, la imagen que se creaba en Chile sobre Rusia era tan idealizada como demonizada, tan apologética como injuriosa, pero siempre legendaria, mítica, simbólica y simplificada, sirviendo por sobre todo, como una alegoría respecto de los propios problemas internos del país”17.

En Recabarren, el influjo de la Revolución Rusa significó una manera diferente de ver y entender la política, pero como ya hemos dicho, no una renuncia sustancial a su forma original y heterodoxa de aplicar las ideas que recibía del exterior. Por ejemplo, si en Recabarren el ideario democrático era un elemento importante, después de 1917 esta noción sufre ciertas modificaciones, aunque no una renuncia total. Así, si en un principio planteó que la construcción del socialismo se haría a través de amplias mayorías y por fórmulas pacíficas, asume ahora que la burguesía no hará sino impedir el ejercicio de estas mayorías, rompiendo con el sistema representativo, por lo tanto, ya nada, según él, podríamos esperar de una institución como el parlamento. Para Recabarren, el cambio social no vendrá precisamente de este parlamento burgués sino de la imposición de la fuerza y la violencia de la huelga general. Señala incluso, que si el parlamento no se hace cargo de las demandas de las mayorías, el pueblo legítimamente puede tomarse el poder. Según Augusto Varas, es en este período, después de 1917, donde aparecen algunas nociones en el pensamiento político de Recabarren sobre la “dictadura del proletariado” aunque sin una elaboración muy acabada, y de hecho bastante restringidas en sus discursos. Aún así, esta idea no es concebida al estilo clásico de la ortodoxia marxista, en términos de la toma del poder por una minoría de comuneros o vanguardia del proletariado, sino como parte de la acción política de una mayoría. De esta forma, Recabarren rescata su visión de la revolución social como algo que apela a las mayorías, es decir, a la nación sin excepción de clases, aunque para él los beneficios sociales a futuro tendrán mayor impacto en los sectores subalternos que históricamente han sido los más postergados.

En un texto inédito de Recabarren, descubierto por el historiador Augusto Samaniego referido al ideario de partido que éste poseía, se aprecia la transición que se produce entre el P.O.S. y la formación del Partido Comunista18. Según el texto, en 1921 Recabarren intenta fundir en un solo partido al Partido Demócrata, al P.O.S. y a la FOCH, llamándolo Partido del Trabajo, con una clara definición marxista. Este partido serviría como instrumento de acción política de la clase trabajadora con capacidad de convocatoria nacional. Sería por lo tanto, un partido ajeno al monolitismo y abierto al debate con los otros grupos sociales. Sin embargo, esto no se lograría debido a la negativa del Partido Demócrata a optar definitivamente por la representación de la clase obrera.

A pesar de ello, logra que al menos la FOCH asuma un itinerario marxista y se integre en 1921 a la Internacional Sindical Roja. En el caso del Partido Obrero Socialista, este asumiría definitivamente las 29 tesis de Lenin, planteadas por la III Internacional y, por lo tanto, los principios del marxismo-leninismo y del movimiento obrero internacional. Finalmente, en el IV Congreso Extraordinario del P.O.S. en 1922, se resuelve declarar la fundación del Partido Comunista de Chile (PCCH), constituyéndose en la sección chilena de la Internacional, aceptando las 21 condiciones que ésta imponía para su ingreso.

La creación del PCCH, buscaba darle un mejor instrumento político al movimiento obrero, dotándolo para ello de una vanguardia, que permitía articular y disciplinar de mejor forma la lucha de los trabajadores, a través de la construcción de un partido poderoso que evitase las serias desviaciones ideológicas que habían afectado, según Recabarren al movimiento obrero.

A pesar del avance que significaba para las luchas del proletariado chileno la formación de este partido, sobre todo al comenzar la década de 1920, Recabarren sentía que no había logrado plantear totalmente la tarea central de organización del proletariado en función de su liberación. Consideraba que como parte de esta nueva gesta emancipadora de la revolución social, podía todavía incorporarse a un sector significativo de los grupos medios y profesionales identificados con el problema social y, por lo tanto, aliados del proletariado, lo que podría denominarse un “colaboracionismo de clase”. No obstante sentir el peso del marxismo y el influjo poderoso de la Revolución Rusa, consideraba que el verdadero cambio social vendría de la disposición ética de cada individuo, que lo llevaría por el camino del perfeccionamiento moral y de la ilustración, contribuyendo a la práctica efectiva del socialismo.

El debilitamiento político de Recabarren comenzó a producirse a partir de 1923, básicamente al existir fuertes tensiones al interior del PCCH entre los partidarios del líder del movimiento obrero y el grupo de los “maximalistas”, quienes irían copando las estructuras del partido, afectando gravemente la correlación de fuerzas en su interior. Estos postulaban la combatividad contra los partidos socialdemócratas, lo que de acuerdo al IV Congreso de la Internacional Comunista (IC) se denominó “Frente Único Proletario” de clase contra clase o “Política del Tercer Período”. El proceso de bolchevización del PCCH, buscaba precisamente una vinculación más orgánica y centralizada con el movimiento comunista internacional. Este proceso, que se extendería hasta 1935, afectaría inevitablemente las relaciones en el sistema de partidos políticos y la de éstos con el movimiento sindical chileno.

Producto del proceso de bolchevización, el PCCH heredero de Luis Emilio Recabarren, pronto condenaría públicamente las concepciones pequeño-burguesas de éste y lo convertiría en una figura meramente simbólica, sin la capacidad de interpretar correctamente, por medio del marxismo, la realidad nacional.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Samaniego, Augusto ¿Quiénes crearán el instrumento socialista? Recabarren, demócratas y socialistas. Contribuciones Científicas y Tecnológicas N° 127, Universidad de Santiago de Chile, 2001.

Varas, Augusto La formación del pensamiento político de Recabarren: Hipótesis para una investigación histórica, FLACSO, 1985.

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Vitale, Luis Interpretación marxista de la historia de Chile Tomo V. Santiago, LOM, 1993.

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FUENTES PRIMARIAS

Coordinadora Metropolitana de Pobladores Luis Emilio Recabarren Selección de Obras. Santiago, 1987.

Documentos Komintern para América Latina 1922-1943. Recopilados por Ulianova, Olga.

AUTOR: Cristián Javier Pérez,

Profesor de Historia y Geografía, Licenciado en Educación en Historia y Geografía, Universidad de La Serena; Magíster en Historia de Chile, Universidad de Santiago de Chile; Magíster © en Historia Americana Universidad Nacional de Asunción, Paraguay.

Notas:
1 Samaniego, Augusto ¿Quiénes crearán el instrumento socialista? Recabarren, demócratas y socialistas. Contribuciones Científicas y Tecnológicas N° 127, Universidad de Santiago de Chile, 2001, p. 3
2 Citado por Ramírez Necochea, Hernán en Origen y formación del Partido Comunista de Chile, Edit. Progreso Moscú, 1984, p. 44
3 Además de la formación de la prensa obrera, Recabarren dictó una serie de conferencias a los trabajadores del salitre, donde exponía sus principales ideas políticas dentro del proceso de politización de los sectores populares pampinos. Ver Julio Pinto y Verónica Valdivia en ¿Revolución proletaria o querida chusma? Socialismo y Alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911-1932). Ediciones LOM, 2001.
4 Citado por Ramírez Necochea, Hernán en Origen y formación del Partido… Op. Cit., p. 47
5 Citado en Varas, Augusto La formación del pensamiento político de Recabarren: Hipótesis para una investigación histórica, FLACSO, 1985, p. 5
6 Ver El pensamiento de Luis Emilio Recabarren. Recopilación de discursos y ensayos. Tomo I, Edit. Austral, Stgo. 1971, p. 43-44
7 Varas, Augusto La formación del pensamiento… Op. Cit., p.12-13
8 Vitale, Luis Interpretación marxista de la historia de Chile Tomo V. Ediciones LOM, 1993, p. 226
9 Correa, Sofía y otros Historia del siglo XX chileno. Edit. Sudamericana, 2001, p. 47
10 “Ricos y Pobres Balance de un siglo” en Luis Emilio Recabarren Selección de Obras. Coordinadora Metropolitana de Pobladores Stgo., 1987, p. 26
11 Ibíd., p. 27
12 El término humanismo superior en el ideario político de Recabarren es utilizado por el historiador Manuel Loyola en su ensayo Recabarren: su función mítica y notas para la comprensión de su pensamiento político. En Por un rojo amanecer Hacia una historia de los comunistas chilenos. Stgo, 2002.
13 Ibíd., p. 19
14 Ibíd., p. 29
15 Varas, Augusto Ideal socialista y teoría marxista en Chile: Recabarren y el Comintern. FLACSO. Documento de trabajo. Julio 1982, p. 19
16 Fermandois, Joaquín Abismo y Cimiento. Gustavo Ross y las relaciones entre Chile y EE.UU. 1932-1938. Stgo. 1998, p. 31
17 Fediakova, Evguenia Rusia Soviética en el imaginario político chileno, 1917-1939. En Por un rojo amanecer: Hacia una historia de los comunistas chilenos Stgo. 2000, p. 118
18 Samaniego, Augusto ¿Quiénes crearán el instrumento socialista? Recabarren… Op. Cit., p. 2

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